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Poemas Dia de la Madre

Recopilacion de los mejores poemas para el Dia de la Madre en Internet. Seleccion de poemas escogidos para esta fecha tan señalada. Envía tu poema favorito a la persona más importante de tu vida, tu madre.

Poemas para Madres

Mis caricias pagaste con exceso,
como pagan las flores en abril;
mil besos, ¡ay!, me dabas por un beso,
por un abrazo tú me dabas mil.  
Vuelve; ¡Oh madre!, a mirarme con cariño;
tus caricias y halagos tórname;
to de ti me alejé, pero era un niño,
y el mundo me engaño, ¡perdóname!  
Yo pagaré tu amor en el exceso
con que pagan las flores en abril;
mil besos te daré por solo un beso,
por un abrazo yo te daré mil.
» José de Espronceda
Hay sentimientos desconocidos cuya
grandeza se adivina; el amor a una
madre es como el amor a Dios:
está grabado en el corazón de los seres;
se le adora sin conocerlo
porque se le ve en todo lo que nos rodea.
» Teodoro Guerrero
Madre, tu hijo no ha desaparecido.
Madre, que yo lo encontré andando contigo.
Lo veo en tus ojos, lo oigo en tu boca,
y en cada gesto tuyo me nombra.
» Ismael Serrano
Madre, madre, tu me besas, 
pero yo te beso mas. 
Como el agua en los cristales, 
caen mis besos en tu faz... 
Te he besado tanto, tanto 
que de mí cubierta estás 
y el enjambre de mis besos 
no te deja ni mirar... 
Si la abeja se entra al lirio, 
no se siente su aletear: 
Cuando tú, a tu hijito escondes 
no se le oye el respirar... 
Yo te miro, yo te miro 
sin cansarme de mirar, 
y que lindo niño veo 
a tus ojos asomar... 
el estanque copia todo 
lo que tu mirando estás; 
Pero tú en los ojos copias 
a tu niño y nada más. 
Los ojitos que me diste 
yo los tengo que gastar 
en seguirte por los valles, 
por el cielo y por el mar...
» Gabriela Mistral
Manos las de mi madre, tan acariciadoras, 
tan de seda, tan de ella, blancas y bienhechoras. 
¡Sólo ellas son las santas, sólo ellas son las que aman, 
las que todo prodigan y nada me reclaman! 
¡Las que por aliviarme de dudas y querellas, 
me sacan las espinas y se las clavan en ellas! 

Para el ardor ingrato de recónditas penas, 
no hay como la frescura de esas dos azucenas. 
¡Ellas cuando la vida deja mis flores mustias 
son dos milagros blancos apaciguando angustias! 
Y cuando del destino me acosan las maldades, 
son dos alas de paz sobre mis tempestades. 

Ellas son las celestes; las milagrosas, ellas, 
porque hacen que en mi sombra me florezcan estrellas. 
Para el dolor, caricias; para el pesar, unción; 
¡Son las únicas manos que tienen corazón! 
(Rosal de rosas blancas de tersuras eternas: 
aprended de blancuras en las manos maternas). 

Yo que llevo en el alma las dudas escondidas, 
cuando tengo las alas de la ilusión caídas, 
¡Las manos maternales aquí en mi pecho son 
como dos alas quietas sobre mi corazón! 
¡Las manos de mi madre saben borrar tristezas! 
¡Las manos de mi madre perfuman con terneza! 
» Alfredo Espino
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